Estaban discutiendo por algo tan importante para el resto de su comunidad como lo es el saber dónde colocar el exceso de cosas de esa temporada. Rata no sabía si usar la habitación vacía como almacén improvisado o guardarlo en el almacén comunal que se encuentra a diez casas de la suya. Grillo no quería guardarlo todo en el almacén comunal porque es bien sabido que la banda de mapaches lo roba todo y se quedan para ellos la comida de ahí. Pero Rata aún no se decidía, así que fue al almacén comunal a ver cuanta gente había depositado ahí las sobras de su comida. No había nada, todo estaba vacio, parecía abandonado. Grillo, que lo accompañaba, murmuró para sí algo sobre los mapaches ladrones que lo habían arruinado todo. Y era verdad.
Antes, en ese pueblo, todos se llevaban bien con todos, existía una gran confianza entre todos los habitantes ya que todos seguían las normas y nunca molestaban a las demás gentes del pueblo. Era un lindo lugar. Hasta que llegó la banda de mapaches. Todo comenzó cuando el gato Perro murió de viejo y su casa la heredo su nieto el gato Coyote, este no tenía mucho interés en la casa así que decidió ponerla a la venta. A los pocos días la vendió a unos compradores anónimos, que resultaron ser los mapaches. Al principio no hubo problemas, empezaron a socializar con sus vecinos, luego con el resto de la gente del pueblo. Hasta que llegó el día de recolección, que es cuando todos en el pueblo dan sus sobras de forma voluntaria para que puedan ser usadas por el resto. Es algo que se lleva a cabo el primer día de cada mes. Y ese día, como cualquier otro, los habitantes fueron al almacén comunal a dejar todo lo que les sobraba y no usarían más. Casi siempre todos lo hacían, de vez en cuando alguno no iba porque no le sobraba nada o le acababa faltando. Al día siguiente, cuando las personas fueron al almacén a buscar cosas que les pudieran interesar se lo encontraron vacío. Nadie sabía lo que había pasado. Al mes siguiente hicieron lo mismo, solo que esta ves tuvieron más cuidado, y ahí fue cuando atraparon a la banda de mapaches con las manos en la masa. Cuando fueron a su casa a recuperar lo que habían robado no encontraron nada, apenas había una mesa y unas cuantas camas para dormir. Les preguntaron a los mapaches donde estaba todo lo que habían hurtado pero ellos dijeron que no dirían nada, ya que se acogían a las normas del pueblo. A partir de ese entonces cada vez menos gente llevaba sus sobras al almacén comunal porque siempre al día siguiente aparecía vacío.
Eso fue lo que se encontró Rata ese día, nada.
Rata fue el último de los habitantes en dejar de llevar sus sobras al almacén. Durante meses fue el único que lo hacía. Hasta que ese día se dió por vencido. Al ver el almacén tan desolado no pudo hacer más que soltar un suspiro y dar media vuelta. Pobre Rata, pensó el pato Grillo.
Desde aquel día el almacén quedó completamente inutilizado hasta acabar derrumbado unos años más tarde.
Ese día fue el comienzo del fin para el pueblo de los ladrones.
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